Frustración. Colecciono momentos de decepción. No hay criterio de selección.
A vos podría venderte el eco de mis buenos momentos como suero a tu tristeza.
a J. J. S El Gato ve al Ladeado, para darle coraje cierra los ojos y respira lento, la pela con lentitud y cuidado. El Ladeado se decide por fin y se la lleva a la boca. Pero es demasido gorda y emite, porque está viva, algo, un fluido, que permite, incluso sin haberla visto, saber que está ahí. Una corriente va emergiendo, gradual, como con sacudones levísimos, discontínuos. Las paredes blancas. En la cara del Gato se abre camino una sonrisa perpleja, maravillada.
Nado bajo las férreas gotas de tu olvido. Eres, has sido y serás, la muda alegría de los ojos que, nítidos, observan el fuego y evocan el precioso eco de los dispares otoños de la historia. Sabes, como supieron los incautos, que la densidad de esta oscuridad matinal perseguirá tus recuerdos hasta despojarlos del abrigo del tiempo. Nado, ya las palabras no se deciden, lento bajo las férreas naves de tu olvido.
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